El Trujillismo estará siempre vigente mientras que los que denuncian su práctica no sean capaces de superar el conjunto de logros que Trujillo legó al país.
Verdades y mitos de dos muertes
Por: Naya Despradel
1 de mayo 2010 | El Caribe

En estos días, la muerte de Pilar Báez Perelló y Jean Awad Canaán ha recobrado interés por la publicación del libro de Angelita Trujillo y por las varias declaraciones de la hija de Pilar, quien sostiene que sus padres, los dos, murieron asesinados por la tiranía.

Como pienso que las familias Báez Díaz-Awad Canaán están justamente dolidas con la familia Trujillo por las torturas y muerte que sufrieron don Miguel Angel Báez Díaz y su hijo Miguelín luego del ajusticiamiento de Trujillo, pienso también que hay que aplicar la misma justicia a los hechos históricos.

De esos hechos conocemos, sin ninguna duda, lo siguiente:

Primero, que al momento de dar a luz a su hija Pilar Awad Báez, el 6 de febrero de 1960, la señora Pilar Báez Perelló murió en el quirófano de la Clínica Abreu, en Santo Domingo, de una hemorragia incontenible, al complicársele el parto con una condición conocida como “atonía o hipotonía uterina”. Estuvieron presentes, tratando de salvar la vida de la parturienta, los doctores Alfredo Simpson y Jordi Brossa; y Segundo, que su esposo Jean Awad Canaán falleció varios meses después mientras conducía su auto a una alta velocidad en la carretera de San Juan de la Maguana, acompañado de otras tres personas, una de las cuales, Lorenzo Sención, ha relatado por escrito, y publicado, cómo ocurrió ese accidente.

Para averiguar específicamente acerca de la muerte de Pilar Báez Perelló en febrero de 1960, obtuve una entrevista con el doctor Luis Rojas, reconocido ginecólogo-oncólogo, actual director de la Clínica Abreu, la cual realizamos el 23 de marzo de 2010.

Doctor Alfonso Simpson, ginecólogo de Pilar Báez Perelló

Doctor Alfonso Simpson, ginecólogo de Pilar Báez Perelló
Preguntamos al doctor Rojas qué es la atonía o hipotonía uterina y él nos indicó que es un problema que sufren muchas mujeres en el momento del parto, el cual consiste en que el útero y los vasos sanguíneos que lo alimentan, que se han dilatado en el momento del parto,  tan pronto sale la criatura, deben contraerse, y que si dicha contracción no se realiza, se produce un sangramiento incontrolable.

Explicó que esta condición puede presentarse únicamente en el momento del parto, tanto vaginal como por cesáreas, por lo que no puede preverse con los controles periódicos a los que son sometidas las embarazadas. Abundó explicando que hasta hace pocos años, las hemorragias post parto constituían  la mayor causa de muerte en las parturientas, y que hoy en día, con procedimientos modernos actuales, se siguen produciendo,   aunque han pasado a ser la segunda causa de muerte en estos casos.

Doctor Jordi Brossa, director de la Clínica en 1960, presente en el parto

Doctor Jordi Brossa, director de la Clínica en 1960, presente en el parto
Le pregunté al doctor Rojas si en alguna ocasión los familiares de Pilar Báez habían iniciado cualquier tipo de averiguación o de investigación, o habían acusado a los doctores Simpson, como ginecólogo de Pilar, o a Brossa, como director de la Clínica, de ser responsables de la muerte de Pilar, a lo que contestó que no.

Le pregunté al doctor Rojas si en alguna ocasión los familiares de Pilar habían iniciado cualquier tipo de averiguación o de investigación, o habían acusado a la Clínica Abreu por estar comprometida, aunque fuera indirectamente y sin su conocimiento, por haber permitido la penetración al establecimiento de una supuesta enfermera, lo que pudo haberse considerado como una responsabilidad de la Clínica por haberse vulnerado los controles de seguridad que son indispensables en una institución en la que se determina la vida de las personas, y me contestó que no.

Le pregunté si se había hecho alguna reclamación a la Clínica por la supuesta enfermera que se dice entró de noche al establecimiento, y me dijo que no.

Le pregunté al doctor Rojas si él estaba en la Clínica al momento de la muerte de Pilar, a lo que contestó que no, que había llegado 20 años después, pero que cuando llegó, todavía había médicos y enfermeras que sí habían estado y que nunca escuchó ni a esos médicos ni a esas enfermeras decir que en la muerte de Pilar habían actuado manos criminales. Esos mismos médicos y enfermeras confirmaron siempre, según Rojas, que la hemorragia se produjo por problemas médicos de la paciente y que dicha paciente recibió todas las atenciones profesionales disponibles en ese momento.

La causa de la muerte de Pilar Báez Perelló (atonía o hipotonía uterina) ha sido confirmada reiteradamente por el doctor Jordi Brossa, quien era el director de la Clínica Abreu y estaba presente en el momento del parto. En una ocasión el Dr. Brossa hizo pública su versión en una entrevista que concedió a Víctor Grimaldi en el año 2000 y que se conserva en el Archivo General de la Nación, en Santo Domingo.

En dicha entrevista el doctor Brossa desmiente categóricamente la especie de que una enfermera contratada por alguno de los Trujillo, inyectó un anticoagulante a la paciente para que no pudiera controlarse la hemorragia.

En esa entrevista, el doctor Brossa dio testimonio de la ética médica que siempre primó en el doctor Simpson, que lo hacía incapaz de cualquier tipo de acto reñido con el juramento hipocrático que todos los médicos se comprometen a cumplir. Asimismo, Brossa indicó que era imposible que alguna enfermera ajena a la Clínica Abreu hubiera penetrado a la misma, a escondidas, con los fines de administrar un anticoagulante a la paciente.

También me entrevisté con el doctor Brossa, quien me ha confirmado todo lo anterior, y quien me dijo, que desde sus días de estudiante y practicante en el Hospital Padre Billini, era muy amigo de Miguel Angel Báez, padre de Pilar Báez Perelló, institución de la cual Báez Díaz era el administrador en esos momentos.

En diversas declaraciones recientes, varios familiares de Pilar Báez Perelló han eximido de mala intención a los doctores Brossa y Simpson, pero insisten en la versión de la enfermera ajena a la clínica que le inyectó un anticoagulante a Pilar en el momento del parto. Según dichos familiares, esta enfermera desapareció misteriosamente y luego de ello abandonó el país con destino a Estados Unidos, pero hasta el día de hoy nadie, ni ellos, han podido identificarla.

Por otra parte, tuve oportunidad de hablar con una persona que me merece entero crédito, y que acompañaba a su madre que estaba interna en la Clínica Abreu al cuidado de Simpson justamente el día de la muerte de Pilar, por lo que fue testigo presencial de los sucesos que llegaron a oídos de las personas que allí se encontraban.

Dice mi informante que ella estaba en el pasillo, junto con los familiares de Pilar, a quienes conocía, y que de buenas a primeras se escuchó decir: “Pilar está mal, Pilar está mal. Tiene una hemorragia, le han amarrado las piernas. Le han hecho varias transfusiones y expulsa la sangre a la misma velocidad con la que se la inyectan”.

Esta persona, muy joven en aquel entonces y hoy abogada y notaria de largo desempeño profesional, vio la desesperación de los médicos y enfermeras y luego de pensar y meditar sobre el asunto durante los 50 años transcurridos desde entonces, reafirma la percepción que tuvo en aquel momento de que los médicos hicieron todo lo posible por salvar a Pilar y de que no hubo ni hay motivo para culpar a nadie.

Entre las preguntas que uno se hace con referencia a Pilar, es que si había la determinación de asesinarla, ¿por qué esperar hasta el momento del parto, en una clínica reconocida, de excelente reputación, que desde sus inicios contaba con médicos antitrujillistas, si pudieron haberla despeñado en la carretera en uno de sus numerosos viajes entre la capital y la frontera, donde se  trasladaba con frecuencia para estar junto a su esposo?

¿Por qué no le causaron un problema que hubiera tenido que atenderse con urgencia en la frontera, teniendo que recurrir a los primeros auxilios que encontraran, con las limitaciones de equipos y de médicos existentes en esas localidades tan remotas, que hubiera justificado la muerte de la paciente?

¿Por qué nunca, ningún médico o personal de salud ha respaldado la tesis de la enfermera que inyectó el anticoagulante a la paciente?
En los primeros meses luego de la muerte de Trujillo y de la salida definitiva de sus familiares, en lo que muchos han descrito como “la edad de las pasiones”, alguna persona que hubiera querido ganar prestigio, hubiera utilizado la muerte de Pilar y de Jean para hacer “confesiones de su conocimiento” de la actuación de manos criminales en la muerte de estas dos personas, lo que nunca ha sucedido.

No se ha encontrado ni en la prensa ni en ninguno de los cientos de libros escritos luego de la muerte de Trujillo, que se haya demostrado que la versión de la enfermera anónima sea cierta.

¿Por qué Pilar Awad Báez descalifica a un científico, considerado como maestro de la medicina, y sin embargo ella, sin ningún entrenamiento en ninguna área de la salud, da como cierta su versión de la enfermera que nadie vio ni notó, y cuya existencia o actuación nadie ha confirmado nunca en cincuenta años?

Sin embargo, la versión de que hubo manos criminales en las muertes de los esposos Awad-Báez ha seguido repitiéndose, tanto oralmente como por escrito, a partir de la defectuosa narración de Robert D. Crassweller en su libro Trujillo, la trágica aventura del poder personal, en donde dice que “Angelita y su esposo eran amigos íntimos de un funcionario del gobierno llamado Awoud (sic), pero en Angelita la relación se transformó en una pasión. Trujillo se enteró de esto, y un día Awoud fue hallado muerto en su automóvil, a consecuencia de lo que se pretendió hacer pasar por un accidente. Su esposa, amiga íntima de Angelita, apareció muerta junto a él”.

Bernardo Vega también equivoca la fecha de la muerte de Pilar Báez Perelló y, como Crassweller, sugiere el asesinato de ambos esposos. En la página 464 de su libro Los Estados Unidos y Trujillo, los días finales, Vega escribe que Pilar murió en junio de 1960, cuando en realidad fue en febrero de ese año. También dice que “Miguel Angel Báez Díaz se encontraba en Nueva York, junto con el exiliado Homero Hernández, cuando se enteró de la muerte de Awad, lo que le hizo pensar que la muerte de su hija pudo haber tenido implicaciones políticas”. Es decir, que luego de la muerte de Jean Awad Canaán es que la familia de Pilar empieza a pensar en una muerte política.

Quien más detalles ha ofrecido de esta saga de explicaciones político-pasionales para explicar la muerte de Pilar Báez Perelló y Jean Awad Canaán es la periodista Angela Peña, quien publicó un artículo en la sección “La otra dimensión”, titulado “Barbaridades de la dictadura”, en el periódico HOY de fecha 12 de julio de 1998, basado en una entrevista que le concedieron varios miembros de la familia Báez-Perelló.

Angela Peña se refiere aquí a las muertes de Pilar y de Jean, de Miguel Angel Báez Díaz y de su hijo Miguelín. Señala que Miguel Angel, padre, y su hijo Miguelín fueron duramente torturados y asesinados a raíz del ajusticiamiento del gobernante, acusados de participación en el ajusticiamiento de Trujillo.

Por la forma en que está escrito ese artículo vale la pena citarlo in extenso pues la periodista comienza su texto preguntando “¿Es cierto que Angelita Trujillo, la hija del dictador, se enamoró del joven esposo de la recién casada “Pachi” y ordenó el asesinato de la muchacha mientras daba a luz? ¿Fue un accidente automovilístico, como se argumentó entonces, la muerte de Jean? ¿O es verdad que fue un crimen encargado por Luis José León Estévez (Pechito), a la sazón esposo de la hija “mimada” del “Jefe” quien se sentía burlado, humillado por la veleidad de su consorte y, al mismo tiempo, dominado por los celos?

Después de narrar que el Teniente Jean Awad había caído en desgracia con el régimen por haberse retirado de una fiesta sin despedirse de Angelita, y de decir que Awad fue desterrado a Jimaní y, más tarde, a Restauración, Angela Peña asegura que Jean conoció allí a Antonio de la Maza y sugiere que podía haber participado en el complot contra Trujillo.

Angela Peña sigue diciendo que la estabilidad emocional del matrimonio Awad-Báez “era obstaculizada por la supuesta pasión que el apuesto Jean había despertado en la caprichosa ex reina de la “Feria de la Paz”. “‘Angelita estaba locamente enamorada de el’, se comentaba entonces –dice la periodista citando a uno de sus entrevistados- asegurándose que ‘mandó a matar a Pilar’, comentan los hermanos, sin afirmar ni negar estos rumores”.

Más adelante, Angela Peña dice que “se ha llegado a afirmar que la viuda de Trujilo, doña María, tuvo participación en la comisión intelectual del crimen, para complacer a su amada heredera”, y concluye con sus propias palabras: “A diario le encomendaban difíciles y lejanas misiones hasta que el 30 de noviembre de 1960 lo asesinaron, simulando un accidente automovilístico ‘entre San Juan y el cruce de Azua’. Doña Aída dice que el mismo día que lo mataron me dejó una foto para la niña y me dijo, quiero que le entregue este retrato porque ella no me va a conocer”.

Días después de la publicación de Angela Peña, el 20 de julio de 1998, en el periódico Listín, Emilio Ludovino Fernández escribió en su columna “Asuntos Históricos”, un artículo que tituló “Por mi respeto a la verdad”, donde narra las instrucciones que el entonces coronel Luis José León Estévez le dio a Jean Awad Canaán para que viajara a la frontera a buscar a un pelotero.

Dice Fernández que él escuchó cuando León Estévez, esposo de Angelita en aquel momento, le dijo a Awad: “Vaya y busque a ese joven y vuelva sin prisas”, y que luego León Estévez reiteró: “Teniente, yo no estoy jugando, lo que estoy es dándole una orden: Conduzca con moderación”. Emilio Ludovino Fernández narra que a las cuatro de la mañana del día siguiente León Estévez lo llamó para informarle de la muerte de Awad.

Varios días después de esta publicación, Pilar Awad Báez, la hija de Jean Awad Canaán y Pilar Báez Perelló, entregó unas declaraciones al Listín Diario que fueron publicadas el 24 de julio de 1998, en la misma sección “Asuntos históricos”, bajo el título “Por respeto a su memoria”, remedando el título del artículo de Fernández. Allí Pilar Awad Báez por primera vez expresó públicamente sus convicciones de que las muertes de sus padres no habían sido accidentales.

En ese artículo, Pilar hija, se hace varias preguntas sobre las muertes de sus padres, dirigidas a involucrar a Angelita y su esposo en las mismas. Sin embargo, en uno de sus párrafos dice: “Si la muerte de mis padres se debió a causas naturales o fue provocada por los León Estévez-Trujillo Martínez, sólo Dios lo sabe.” Esto es, todavía no está segura.

A pesar de ello, a partir de entonces, y por años, se ha achacado la muerte de Pilar y de Jean a manejos trujillistas o a celos de León Estévez. Por ello, y para aclarar las circunstancias de la muerte de Awad, pocos días después de las declaraciones de Pilar hija, el 5 de agosto de 1998, aparecieron nuevas declaraciones en la prensa, esta vez ofrecidas por Lorenzo Sención Silverio, quien acompañaba a Awad en el momento del accidente.

Se sabe que luego del ajusticiamiento de Trujillo, el comandante Lorenzo Sención Silverio narró en varias ocasiones que el accidente sí había sido fortuito y que él, Sención había sido testigo del mismo porque él se encontraba en el vehículo que guiaba Awad Canaán. En sus declaraciones a la prensa, Sención dijo que en el vehículo también iban el doctor en odontología Pedro Rodríguez Botello y el pelotero Manolo Valenzuela, que aún vive.

Sención atribuye el accidente a que los ocupantes del vehículo habían tenido un día muy agitado y que el conductor, Awad, que fue el único que murió, se había dormido y chocado con un camión que estaba correctamente estacionado a la derecha de la carretera. Sención aseguró que “el vehículo en el que íbamos se estrelló contra el camión, ocasionando un accidente real y no provocado como se ha dicho, o que se cometió un asesinato contra el teniente Awad Canaán”.

Es posible que Sención no notara que algo especial afectara a Jean y que por eso había tenido el accidente. Es posible que las declaraciones de Emilio Ludovino Fernández, reproduciendo las palabras de León Estévez, vertidas en su artículo en el Listín Diario, hayan sido iniciadas por León Estévez justo en el momento en que Fernández se encontraba presente, para luego tener un testigo de que le había advertido a Awad Canaán que manejara despacio, ya que conocía la tendencia de este último a conducir con temeridad.

Todo eso es posible, pero lo que es indudable es que Jean Awad no murió estando solo y que hubo varios testigos del accidente que pudieron haber perdido la vida con él. Uno de ellos, Sención, quedó gravemente herido y sufrió por meses los traumatismos provocados por los golpes.

A pesar de ello, Angela Peña, en su artículo ya citado del 12 de julio de 1998, recogió la información procedente de los familiares de Pilar, que dice que “no permitieron abrir el ataúd”. La pregunta que uno se hace es que no se permitió que se abriera el ataúd porque Jean tenía numerosos golpes, como ha dicho su hija, o porque no tenía ninguno, como recientemente declaró la señora Lillian Rodríguez. (Listín Diario, 7 de abril de 2010, pág. 9. Col. 5)

Para comprender mejor este punto en la muerte de Jean, interrogamos al doctor Sergio Sarita Valdez, conocido experto en medicina forense, y le preguntamos si habría sido posible determinar la causa de la muerte de Ramón Marrero Aristy, ya que la versión más socorrida es que murió en el despacho de Trujillo de un tiro que le propinó uno de los ayudantes militares del gobernante, pero otras versiones  dicen que Marrero no murió de un tiro que recibió en el Palacio de gobierno, sino que murió de una paliza en La 40.

Sarita explicó que igual que con el caso de Marrero Aristy, si Jean Awad había muerto en un accidente de automóvil, o había sido golpeado y luego hecho parecer un choque, se podía determinar con facilidad la causa de la muerte por la naturaleza de las heridas que presentaría y que podían determinarse en sus restos.

Como nota curiosa señalamos que en el primer obituario de la muerte de Jean, publicado el 1 de diciembre de 1960, aparecen como sus deudos sus padres, su hijita, y las familias Awad y Canaán. No aparecen sus padres políticos. Luego, los días 10 y 11, en las invitaciones a la misa por el sufragio de su alma, sí aparecen Miguel Angel Báez Díaz y Ayda (sic) P. de Báez.

Ha sido sintomático que la familia de Jean nunca haya hecho declaraciones de ningún tipo a la prensa, o talvez no las hemos encontrado en los periódicos. También es notable que todas las declaraciones de las muertes de Pilar y Jean hayan procedido de la hija de éstos, excepto por la entrevista ya mencionada que realizó Angela Peña a la familia Báez Díaz, el 12 de julio de 1998.

Hace un mes aproximadamente, alguien me indicó que el 14 de noviembre de 1960, se había publicado una foto en que aparecían Jean Awad y Angelita en el Hipódromo Perla Antillana, en una especie de abrazo. Buscamos la foto en los periódicos de ése y otros días cercanos, y no la encontramos. Los personajes que aparecieron en las dos fotos del Hipódromo publicadas el día indicado fueron Angelita con su esposo, el Coronel Luis José León Estévez, junto a Trujillo. En la crónica no se mencionó al Teniente Jean Awad Canaán como que había asistido a la actividad que se celebraba.

El viernes pasado, 15 de abril, otra persona, muy interesada en el caso, quiso ella misma buscar la foto de Angelita y Jean, y examinamos juntas, con detenimiento, los volúmenes de El Caribe y de La Nación de noviembre y diciembre de 1960, y pudo también constatar que las dos fotos publicadas fueron de Angelita con su esposo León Estévez y con Trujillo, en el Hipódromo.

Todavía hay más: En 1999, un año después de haberse publicado los artículos de Angela Peña y Lorenzo Sención, la hermana de Pilar Báez Perelló, Mayra Báez Perelló de Jiménez, publicó una interesante obra titulada Si la mar fuera de tinta… Vivencias de una niña tras la caída de la dictadura trujillista, la cual va ya por su cuarta edición.

En las páginas 283 y 284 de esta obra, Mayra Báez cuenta lo siguiente: ”Fue necesario que Mamá hiciera una pausa antes de relatar que Pilar falleció durante la operación cesárea que le fue practicada. Aclaró después que tanto la clínica como el médico especialista que la asistió eran de la absoluta confianza de la familia.

“Sin embargo —exclamó— hubo muchos comentarios en torno a su muerte. Se decía que no había ocurrido de forma natural. Se habló mucho de la inyección de una enfermera que había sido pagada y utilizada para actuar a espaldas del médico y a espaldas de todos los que participaron en la cirugía.

“Los Trujillo eran capaces de tantas atrocidades y se vivía de una forma tal, que la veracidad de ningún rumor que surgiera podía descartarse por completo. Sin embargo, nunca nos interesó hacer discretamente ninguna indagatoria al respecto. Fue tan grande el dolor que sentimos, que mientras los comentarios eran de dominio público no me cansaba de repetir que dejaba todo a Dios.

“Hubo una pequeña pausa, tras la cual Mamá expresó: “En vista de que tú has escuchado y seguirás oyendo comentarios sobre sus muertes que quizás no cesarán en mucho tiempo, es mi deber explicarte todo tal y como sucedió.

Nadie más que nosotros como padres, sabemos las conversaciones que íntimamente tenía Pilar conmigo y después Jean con tu padre, en momentos en que se encontraba en una situación sumamente difícil. No hay ser humano que pueda asegurar la verdad respecto a este caso, debido a la forma en que se vivía aquí. Nosotros, como familia, jamás especularíamos con algo tan doloroso.

Te repito que sólo Dios conoce la causa de sus muertes.

“Terminó diciendo con gran convicción que su fe en Dios le había proporcionado el valor y la paz necesarios para aceptar y enfrentar las nuevas adversidades y continuar viviendo en bien de sus hijos y su pequeña nieta Pachi (Pilar Awad Báez, nd), aunque en momentos le parecía que el mundo se había derrumbado a sus pies.

Pensé que había terminado cuando le oí expresar algunas palabras junto a una frase que me impactó enormemente: “En algunos momentos he sentido que me faltan fuerzas, pero me he apoyado en Dios, que ha sido mi roca, mi soporte.”

CONCLUSIONES:

Es nuestra interpretación de todo esto que a falta de pruebas concretas que involucren a los médicos que atendieron a Pilar, se ha recurrido a la versión de la enfermera, versión de la que nunca se han aportado pruebas, pero que es útil para buscarle una explicación política a la muerte de los jóvenes Jean Awad Canaán y Pilar Báez Perelló.

Se procede hoy en día a descalificar a varios médicos de prestigio de su diagnóstico científico de la situación, y se insiste en tomar como buenas y válidas las aseveraciones de personas sin preparación médica y sin pruebas, de que una supuesta enfermera actuó criminalmente al inyectar un anticoagulante a la paciente de la Clínica Abreu en el momento del parto.

Esa supuesta enfermera nadie la vio nunca. Tampoco, nunca, ningún médico o personal de salud, relacionado con la Clínica Abreu o no, ha hecho declaraciones para contradecir las explicaciones de los médicos que atendieron a la paciente.

Por otra parte, en 1960, Trujillo no consideraba a ninguno de los miembros de la familia Báez Díaz como enemigos o desafectos suyos pues ellos, como sus antecesores, estuvieron al lado de Trujillo desde 1930 y varios de ellos continuaban relacionándose con el dictador como amigos íntimos, como era el caso de Modesto Díaz y Miguel Angel Báez Díaz, el padre de Pilar Báez Perelló.

Miguel Angel formó parte de un numeroso grupo compuesto por unos 800 miembros del Partido Liberal en Ocoa y Azua (antes jimenista, bolo) que en 1931 renunciaron y se adhirieron al gobierno del general Trujillo, como un paso a la formación del Partido Único.

Además, durante los años 1949 a 1958 ocupó las carteras de Obras Públicas y de Interior y Policía y dos veces la de Agricultura.

Más todavía: El Caribe registra el 1 de junio de 1958, que la noche anterior “el esclarecido Padre de la Patria Nueva Generalísimo doctor Rafael Leonidas Trujillo Molina, y su ilustre esposa, la Primera Dama de la República, doña María Martínez de Trujillo, apadrinaron las bodas de los distinguidos jóvenes, teniente Jean Awad Canaán y señorita Pilar Báez Perelló.

El Presidente de la República, Héctor B. Trujillo Molina figuró como testigo de bodas”. La foto y la crónica del acontecimiento aparecieron en primera plana con gran despliegue y ocuparon la página 16 completa de ese día.

El 8 de febrero de 1960, otra vez en primera plana, El Caribe publicó una foto de Trujillo al momento de asistir al sepelio de Pilar Báez de Awad, y en la crónica se mencionaba que “el Benefactor de la Patria y la Primera Dama visitaron la casa mortuoria, en la calle José María Bonetti hijo No. 14, para expresar sus condolencias a los padres, don Miguel Angel Báez Díaz, y doña Aida Perelló de Báez Díaz, al esposo, Jean Awad Canaán y demás familiares. También los esposos León Estévez-Trujillo y otras distinguidas personas”.

En ese mismo año de 1958, siendo diputado por la provincia Trujillo, posición que ocupaba al momento de la boda de su hija Pilar, Miguel Angel Báez Díaz sometió al Congreso un proyecto de ley para confirmar y ratificar “el grado de Generalísimo de las Fuerzas Armadas de la República, al generalísimo doctor Rafael Leonidas Trujillo Molina, Benefactor de la Patria y Padre de la Nueva” y para conferir “el alto grado de Generalísimo de las Fuerzas Armadas al general Héctor B. Trujillo Molina, actualmente Honorable señor Presidente de la República”. Además, el primo de Miguel Angel, “el diputado Modesto E. Díaz, por su parte, solicitó que el proyecto fuera declarado de urgencia y conocido definitivamente en sesión extraordinaria”.

En diciembre de 1960, diez meses después de la muerte de Pilar, y escasamente a quince días de la muerte de Jean Awad, Tomás Báez Díaz fue elegido síndico por el Distrito Nacional por el Partido Dominicano, “derrotando” a Darío Trujillo Tejeda, candidato de la Agrupación Trujillista Política Juvenil, en la farsa electoral que montó Trujillo para elegir congresistas y autoridades municipales en su afán de demostrar que en la República Dominicana había libertades políticas. En junio de 1961, pocos días después del ajusticiamiento de Trujillo, Tomás Báez Díaz renunció a la sindicatura de la capital. Su hijo, Bolívar Báez Ortiz, al momento de la muerte de Trujillo, ocupaba la Subsecretaría de Estado del Tesoro y Crédito Público.

Además, veinte días después de la muerte de Pilar, el 25 de febrero de 1960, El Caribe reseñó en su página 10 el fallecimiento de  Miguel Báez Ortiz, abuelo de Pilar y padre de Miguel Angel. De Báez Ortiz la crónica dijo que “el fenecido fue de los miembros fundadores del Partido Dominicano y fue de los leales amigos del Generalísimo Trujillo. Entre otros cargos desempeñó los de alcalde comunal, hoy juez de paz; presidente de la Junta del Partido Dominicano en Baní y en San Cristóbal y presidente de la junta provincial de ese organismo político en Baní”.

Entonces, se entiende que al momento del casamiento de Pilar, la familia Báez Díaz había pertenecido y pertenecía, por décadas, al entorno cercano a Trujillo.

Aunque es humanamente posible que el problema con Pilar Báez pudiera haber ocurrido por un “infatuamiento de Angelita por Jean Awad”, como ha dicho Bernardo Vega, de nuestras investigaciones se desprende que no hay pruebas que sostengan las afirmaciones de Vega y de Angela Peña, ni ninguna de las versiones “políticas o criminales” que circulan como rumores acerca de la muerte de los esposos Jean Awad Canaán y Pilar Báez Perelló.

Continuar, como se hace todavía, buscando causas políticas y criminales en donde lo que hubo fueron dos lamentables accidentes fatales, es tratar de imponer dolores o rencores al libre establecimiento de la verdad.

Pienso que esta campaña que busca tratar de demostrar lo indemostrable hace más daño, emocional y espiritual, a sus autores que a la misma memoria de un dictador que no necesita de más crímenes para quedar establecido en la historia como jefe de una de las más sangrientas tiranías de América.
.

.

Doctor Alfonso Simpson, ginecólogo de Pilar Báez Perelló.

Doctor Jordi Brossa, director de la Clínica en 1960, presente en el parto.