"Yo mismo estoy convencido de que mi obra, por ser humana no es perfecta. Tiene sus vicios y sus deficiencias, pero los resultados obtenidos hasta ahora sobrepasan con mucho las esperanzas y el optimismo del  más soñador de los dominicanos de 1930".
"No tan deprisa…”

Por: Luís José Domínguez
4 de mayo 2010 | http://www.atanay.com

Miami, Florida. (Atanay.Com).-Mi esposa María de los Ángeles Trujillo de Domínguez en “Trujillo mi Padre,…En mis memorias” escribe: “Reconozco el encomiable valor requerido para salir en defensa de la Justicia cuando la injusticia tiene tanto poder. Al escribir soberanamente, los autores se convierten automáticamente, en blancos de los franco-difamadores al acecho, que al momento se rasgan la vestidura y al grito de ¡Anatema! se lanzan prestos, a cazar al desleal. Inquisidores arremeten contra los infieles que escriben saliéndose del molde requerido. Horma siniestra articulada para mantener vigente la anti historia. Es triste y hasta vergonzoso que todavía hoy tengan vigencia estos auto-nombrados fiscalizadores del pensamiento y expresión del dominicano. Es una manifiesta obsesión patológica que no entiendo porque rechina ya como una carreta desengrasada.

“Todo esto hace que sean doblemente meritorios estos esfuerzos literarios, serios y laboriosos pues constituyen en sí, la rehabilitación de una historia menguada. Autores que escriben inspirados en la ilustración y orientación. El mar, durante la resaca se retira y cede espacio, pero luego regresa con la marea, a recobrar todo el terreno perdido. Lo mismo pasa con la historia ante la mentira, se retrae por la ausencia de probidad y pureza; pero después, termina la resaca, y regresa a recobrar todo lo que había perdido.”

Ese proceso, tan natural como la ley de la gravedad, está en marcha, y como cita Angelita, el flujo de la historia regresa ya como el mar, con su impetuosa marea en busca de sus valores; a rescatar la autenticidad de sus virtudes perdidas que brotaran al renacimiento de la verdad.

Cuando Angelita escribió esa obra a la que algunos, infundadamente, le temen, lo hizo con el propósito de que fuera lo que es, un libro cultural académico, respetuoso y fiel a la historia.

Pero ese, un sector recalcitrante considerando la libertad de expresión como un privilegio de ellos y no un derecho constitucional de todos, ha pegado el grito al cielo. Turbados han recurrido a la ilegalidad, a la intimidación y hasta la violencia, para que el libro no llegue a manos del pueblo. En vista de la arrogante y delictiva reacción de este grupo, estimo oportuno insertar aquí un párrafo concerniente a la Libertad de Expresión como lo establece la Convención Americana sobre Derechos Humanos:

“9….la intimidación, amenaza a los comunicadores sociales, así como la destrucción de material de los medios de comunicación, viola los derechos fundamentales de las personas y coarta severamente la libertad de expresión. Es deber de los Estados prevenir e investigar estos hechos y sancionar a sus autores y asegurar a las victimas una reparación adecuada.”

Esta tercera descarga nos llega de los “franco-difamadores al acecho”; está firmada por el señor Aquiles Julián a quien no tengo el gusto de conocer. Dice un escritor francés, cuyo nombre no recuerdo ahora, que responder a una diatriba con otra lo que hace es duplicarla. De manera que sin iracundia y con el debido respeto que me merece todo ser humano, le voy a explicar al distinguido señor algunas cosas que parece desconocer.

Por su forma de expresarse, la primera impresión que me da este señor, es que no fue educado durante la Era de Trujillo ya que las escuelas de entonces enseñaban rigurosamente “Urbanidad” y “Moral y Cívica” de Carreño.

La segunda opinión es que no es dominicano, debido a su desconocimiento de las viejas costumbres de nuestro país, como son los tradicionales concursos que terminan con la coronación de una Reina.

Como describe Angelita en su libro, su reinado tuvo una connotación especial en vista de que se llevó a cabo para conmemorar los 25 años de la Era de Trujillo, la era más fecunda que jamás haya tenido el país. Mire señor Julián, fue en ese cuarto de siglo que se edificó y conformó la República Dominicana, sacándola de la realidad de Concho Primo y transformándola en una nación apta para el siglo XXI.

Se logró la soberanía nacional con la recuperación de las aduanas, se logró la independencia financiera con el pago de la deuda externa, se creó la moneda nacional, así como el sistema bancario y financiero del país.

Se institucionalizó la administración pública, y logró el país tener una frontera demarcada reconocida y respetada. Se construyó toda la infraestructura del país: los muelles, las carreteras, puentes; la electrificación nacional, el servicio de alcantarillado y de agua. ¿Qué más le puedo decir?

Se edificaron el Palacio Nacional, el de Bellas Artes y se inundó el país de verdaderos palacios escolares entre ellos la ciudad universitaria. ¿Y qué decir de los servicios sociales, los hospitales? Y le tengo una sorpresa señor Julián: todo se hizo sin tomar dinero prestado y sin recibir dadivas de ninguna otra nación. El tesoro nacional nunca ha estado mejor administrado; su presupuesto siempre se mantuvo balanceado.

Si leyera usted el libro de Angelita se diera cuenta del desarrollo y del prestigio que alcanzó a tener el país por esos años manifiesto en los viajes del Generalísimo Trujillo al exterior. En su visita a España, por ejemplo, hasta las escuelas de Madrid fueron cerradas para recibir al Jefe de Estado dominicano.

En cuanto a su preocupación por el costo de la celebración, del 25 aniversario de la Era de Trujillo, no pierda usted el sueño, pues en la Era de Trujillo no se desvestía un santo para vestir a otro, ni se descuidaban los servicios sociales, se cumplían las prioridades y el peso dominicano siguió a la par con el dólar americano.

Es meritorio su decidido rechazo a las calumnias y difamaciones, por lo que me extraña no haber escuchado jamás su voz durante los casi cincuenta años en que solo se escuchaban, infamias y diatribas contra la familia Trujillo, con cuyo progenitor, repito, tiene el pueblo dominicano su mayor deuda de gratitud por haber sido el incuestionable arquitecto de la nación. Ojala y leyera usted el libro de Angelita para que conociera la inmensa obra realizada por este genio que nos deparó la Divina Providencia.

En un párrafo se refiere usted al Generalísimo como un “delincuente” por la fortuna que creo. Al morir el Jefe, legó toda su fortuna al pueblo dominicano. ¿Pudiera decirme señor Julián con qué calificativos llama usted a los que se la robaron?

Por último, es interesante la sugerencia suya de ventilar en las cortes las “calumnias” del libro. Pero tenga cuidado, le puedo asegurar que si usted, por un solo momento, contemplara los archivos privados de Angelita, le bastaría para darse cuenta que de ese foro público, sus amigos saldrían muy mal parados. Recuerde que, hasta el momento mismo del crimen, la mayoría de ellos, muy bien remunerados por cierto, se habían pasado la vida dedicados a servir como auténticos colaboradores y sostenedores de la Era de Trujillo.

Yo le sugiero que se lea el libro “Trujillo,… mi Padre en mis Memorias” para que cuando le vuelvan a requerir que escriba, lo haga con propiedad.

Por mi parte, le testimonio que, después de leer, releer y vuelto a leer a “Trujillo mi Padre,..en mis Memorias”, me “quito el sombrero”, y no puedo más que concluir que ser TRUJILLISTA es ser amante de la paz y el progreso; es ser patriota, nacionalista, y llevar en su alma el más profundo respeto y amor por los símbolos patrios.

 

Luís José Domínguez.